Comienza con mi abuelo, Don Miguel Zavala, quien nació en Tala, Jalisco, México.
Sus padres le dejaron unas tierras que habían pasado por generaciones en Tala, Jalisco. En los años noventa empezó a plantar agave y a venderlo en destilerías. Cuando lamentablemente llegó una crisis del agave, los precios bajaron y ya no era sostenible para él seguir plantando.
En el camino, Don Miguel Zavala hizo amistades en el mundo del tequila y comenzó a elaborar pequeños lotes solo para regalar las botellas, personalizadas con los nombres de sus familiares, amigos, clientes y proveedores.
Ese pasado es lo que me inspiró a mí, Carlos Alberto Zavala, a honrar su legado y continuar donde él se quedó. Me propuse volver a plantar agave en el mismo rancho en Tala, esta vez con mayor cuidado y una visión a largo plazo. Pero no solo eso, sino también crear una marca de tequila que realmente represente a nuestra familia.
Nuestro diseño nos lleva al corazón de la antigua Mesoamérica, donde Quetzalcóatl, la serpiente emplumada, simboliza la sabiduría, la creación y el renacimiento. Del otro lado está la baraja europea, un emblema de conquista, estrategia y cálculo.
Cuando España llegó a México, no solo trajo la conquista; también trajo el arte de la destilación, una técnica ya utilizada en Europa para crear bebidas espirituosas. Aquí, en México, se bebía pulque, elaborado a partir del agave cocido y fermentado. Cuando el pulque se encontró con la destilación, nació un nuevo espíritu mexicano: el tequila.
En CAZ POKER destilamos esa historia: una historia de encuentros que, aunque difíciles, dieron forma a la identidad de México. En cada botella vive ese espíritu de unión, celebración y orgullo, recordándonos que la verdadera grandeza nace de la diversidad y la fusión.
